Formas y medios para nuestra cooperación misionera

Existen varias formas de cooperación en la misión de toda la Iglesia. Cada una de ellas tiene su propio camino y significado.


Cooperación espiritual

El verdadero misionero es el santo y el santo es verdadero misionero ( cf. R M cap. VIII). Nuestro principal aporte a la misión universal se hace con la vida y así, en la comunión de los santos, acompañamos y apoyamos toda la evangelización universal en el mundo_

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Por esta razón, la Iglesia nos propone como medio principal, el testimonio de vida cristiana, personal y comunitaria (RM 42). Cuando se vive bien la propia vida cristiana, cuando se crece en la fe, se ayuda de manera efectiva a que el Reino de Dios crezca en el mundo. El testimonio de vida cristiana es un apoyo directo a los misioneros y a las misiones.

Con la oración (RM 78), realizamos una ayuda eficaz a la misión universal. Ella nos sirve para acompañar el camino de los misioneros y ayudar a que el anuncio de la Palabra resulte eficaz por medio de la gracia divina. Con la oración nos unimos a las misiones y a todos los niños del mundo para ayudarlos a que sean más amigos de Jesús. En concreto, oramos por las misiones todos los días, siguiendo las «intenciones de cada mes» propuestas para toda la Iglesia , especialmente en la Eucaristía , con la Palabra de Dios y con el rosario misionero.

La cooperación misionera espiritual la hacemos, también, con el sacrificio (RM 78). Es ofrecer todo sufrimiento y llevar nuestra propia cruz, aceptándolo y ofreciéndolo a Dios con amor. Es compartir los sacrificios de los misioneros y sostenerlos mediante el ofrecimiento de nuestros propios sacrificio. También invitamos a los enfermos y a los que más sufren a que ofrezcan su dolor por las misiones.

Cooperación material

«Mayor felicidad hay en dar que en recibir» (Hechos 20, 35), (R.M.81). Dios nos ha dado muchos bienes (vida, valores, posibilidades, etc.) no sólo para nuestro propio bien sino para que los usemos en favor de todos los hermanos. _

Estamos en deuda con ese Dios que nos ama y nos ha dado todo. Somos administradores de los bienes de Dios. Es la fe la que nos mueve a compartir nuestro pan con los hermanos.

Damos nuestra ofrenda económica por tres motivos:

  1. por amor a Dios: porque hemos recibido esos dones para compartirlos y El nos llama a hacerlo con generosidad de corazón;
  2. por amor a nuestros hermanos: porque son muchas las necesidades materiales y económicas de cada niño y cada adolescente en el mundo entero; no sólo para fundar la Iglesia con estructuras mínimas (capillas, escuelas, salones para catequesis, viviendas para huérfanos, etc.), sino también para sostener las obras de caridad, de educación y promoción humanas, campo inmenso de acción, especialmente en los países pobres; reconocemos que cada niño y cada adolescente es un hermano nuestro y que al ayudarlos estamos sirviendo a Jesús presente en ellos.
  3. por nosotros mismos: porque tenemos que administrar honradamente los bienes que Dios nos ha dado para compartir y porque queremos vivir fielmente la llamada que Jesús nos hace de ser sus discípulos y misioneros con todo lo que somos y con todo lo que tenemos.

Pero nuestra ofrenda material no puede ser hecha de cualquier manera, sino que debe tener determinadas características:

  1. tiene que ser una ofrenda sacrificada, que me cueste: el valor de la ofrenda de la IAM depende del sacrificio que hagan para prepararla y entregarla. No se trata de dar lo que nos sobra, sino de dar con generosidad.
  2. ofrenda que se da para que muchos niños y adolescentes puedan conocer a Jesús : es la motivación central de la ofrenda de la IAM. La misma ofrenda atenderá también las necesidades materiales de cada niño y adolescente del mundo, ya que Jesús no dejaba de mirar estas necesidades, pero sobre todo estaba muy atento al hambre de Dios que veía en sus hermanos.
  3. ofrenda con humildad y discreción : sin alardes ni comparaciones; para atender las principales necesidades de la misión: tenemos que comprender que la ofrenda económica que damos servirá para que otros niños conozcan y amen cada vez más a Jesús y se comprometan a vivir y servir en la Iglesia;
  4. no sólo dar, sino darnos con Jesús : la IAM sabe que Jesús no sólo nos pide compartir nuestros bienes, sino que también pide las manos, los pies, el corazón, toda nuestra persona, para ser sus misioneros en nuestra propia comunidad y para apoyar las misiones en el mundo entero. Jesús nos pide realizar todos los días los servicios misioneros en los que estamos comprometidos.
  5. ofrenda económica permanente : la llamada del Señor a compartir debemos responder todos los días. Para esto, todas las semanas, en nuestro encuentro, colocamos una moneda en la alcancía de nuestro grupo IAM como «ofrenda económica» y así vamos preparando la Jornada de la Infancia Misionera en la cual invitamos a otros familiares y amigos a colaborar con las misiones haciendo también ellos una ofrenda económica en favor de los niños y adolescentes más necesitados del mundo.

La Iglesia universal ha instituido la Obra de la Infancia y Adolescencia Misionera como principal instrumento para animar el espíritu misionero universal desde la infancia y para promover y canalizar la cooperación misionera en favor de los niños y adolescentes del mundo entero (cf. RM 84).

Desde el momento de su fundación como Infancia Misionera, los niños, cada vez que se reunían, debían llevar la ayuda económica para las misiones. Con ella apoyaban la necesidad de los niños no sólo para quitarles el hambre, o para solucionarles otras necesidades materiales, sino para que fueran bautizados y vivieran la vida cristiana. La finalidad de la ofrenda siempre ha sido en primer lugar la de anunciarles a Jesús, hacer amigos para Él.

Los niños y adolescentes, a través de la IAM, comparten pan, medicinas, educación, amistad, Palabra de Dios, la fe y el espíritu misionero. Así, durante más de 150 años, han estado «cooperando en la misión de la Iglesia como verdaderos protagonistas», y a favor de tantos otros niños y adolescentes en cinco campos : la protección de su vida, su educación, su formación cristiana y su animación y formación misioneras.

Cooperación con servicios misioneros y con «misioneros» (R.M. 81)

«Heme aquí, Señor, estoy dispuesto, envíame» (cf. Isaías 6, 8). Esta es la respuesta que espera Dios de la IAM y de sus animadores: ser misionero todo el día y todos los días._

Estos «servicios misioneros» se realizan en favor de la propia comunidad y de la misión en el mundo. Esto se concreta según nuestros dones y nuestras posibilidades. Tenemos la responsabilidad de ser misioneros en nuestra propia comunidad local y, desde allí, misioneros para el mundo entero. Así integramos la dimensión local en la dimensión universal, superando las tentaciones de hacer solo o primero o siempre, la misión en la comunidad local; o la tentación de realizar solo la misión más allá de las fronteras. Los servicios misioneros de la IAM implican globalmente ser misioneros en la propia familia, misioneros en la escuela, misioneros en la comunidad y misioneros para el mundo entero.

Tenemos que ser misioneros en todos los lugares y ambientes a donde vayamos y con todas las personas que Dios coloque en nuestro camino, y a todos tenemos que ofrecerles acogida, diálogo, servicio, fraternidad, testimonio y anunciarles el Evangelio. No sólo los países pobres, sino también los países ricos, necesitan la ayuda misionera de los niños y adolescentes del mundo. En todas partes hay niños y adolescentes que no conocen a Jesús y con otras necesidades. Ellos nos necesitan como misioneros y esperan que lo que hagamos lo hagamos con servicios concretos.

Nuestra «cooperación» es para el mundo entero, es universal

La cooperación de la IAM es siempre universal. No escogemos a quién ayudar (nuestro propio pobre), ni reducimos nuestro campo de ayuda a las necesidades locales o a la de las personas a quienes conocemos. Nuestro corazón está abierto al mundo entero, sin fronteras, conforme al amor universal de Jesús. Todos ayudamos a todos y todos recibimos de todos. Esta es la característica de nuestro Fondo Universal de Solidaridad, en el cual se reciben todas las ofrendas de la IAM , para distribuirlas proporcionalmente entre todos los niños y adolescentes necesitados del mundo.

Infancia y Adolescencia Misionera

Cooperación para la Misión

Todos los cristianos, en virtud de nuestro Bautismo, somos corresponsables de la actividad misionera (RM 77). La participación de nuestras comunidades y de cada uno de nosotros en este derecho-deber es lo que se llama «cooperación misionera» (RM 77). Por ser cristianos no podemos no ser misioneros. Somos corresponsables de cada una de las actividades misioneras que se realizan en el mundo entero._

Muy unidos a Jesús como el sarmiento a la vid (cf. JN 15, 5), podemos producir muchos y buenos frutos. El testimonio de nuestra vida de cada día nos permite «dar mucho fruto» en la misión de la Iglesia, es decir que nuestros gestos, palabras y actitudes, constituyen el fundamento de la cooperación misionera. La cooperación misionera universal es signo de la madurez de la fe y de una vida cristiana que produce frutos (RM 77).

Podemos afirmar que la misión es cuestión de fe y de amor: tanta fe y tanto amor tengamos, tanta cooperación misionera haremos. En nuestra cooperación misionera se mide nuestra fe y nuestro amor como discípulos y misioneros de Jesús. Nuestra fe y nuestro amor se expresan en nuestra cooperación misionera y crecen con ella. Así, la cooperación misionera va mucho más allá de dar una moneda o de ofrecer algunas oraciones por las misiones. La llamada es a ser misionero con todo nuestro ser: con nuestra vida, nuestro trabajo, nuestros bienes, nuestro tiempo. Ser misioneros continuamente y siempre. Ser misioneros en nuestra comunidad local y para el mundo entero.

Cada niño y adolescente, cada animador de la IAM en la Iglesia aprende de Jesús, es buen discípulo suyo y vive como El: es su enviado, su misionero. Enseña a otros lo de Jesús, hace discípulos para Jesús. Para esto, anuncia el Evangelio, ayuda a encarnarlo y a que se viva en comunidad. Es hermano universal y misionero para todos. ¡Somos misioneros para el mundo entero!

Recomendaciones especiales para nuestra cooperación misionera

La «receta» para que cada año nuestra ofrenda económica sea mayor, es revisar y reforzar nuestro testimonio de vida cristiana, la oración y el sacrificio , con ellos fortalecemos nuestra identidad como discípulos y misioneros de Jesús para el mundo entero. La cooperación misionera espiritual y la material van de la mano, nunca van separadas._

Realizar semanalmente nuestra ofrenda misionera. Tenemos que dar a conocer nuestra alcancía misionera en nuestra casa, en la escuela y no olvidarnos de llevarla a nuestro grupo misionero. Además podemos organizar otras actividades para conseguir recursos económicos que aumenten la ofrenda de la IAM : rifas, reciclage de periódicos y otros desperdicios, caminatas, concursos, actos culturales, venta de artesanías elaborados por nuestro grupo, venta de materiales misioneros, etc.

Preparar con entusiasmo y ganas nuestra Jornada de la IAM:

  1. Intensificando la animación misionera de todos los niños y adolescentes de la comunidad y promoviendo la cooperación misionera de todos, para todo el mundo.
  2. Dándole un lugar privilegiado a la oración por las misiones. En muchas partes realizan vigilias de oración, rosarios misioneros, etc. Nuestro centro debe ser siempre la Eucaristía misionera. En este ambiente, muchos niños, adolescentes y animadores hacen por primera vez o renuevan su consagración misionera.
  3. Organizando adecuadamente la recolección de las ofrendas misioneras económicas durante la Jornada , tanto de las ofrendas de la IAM como de los demás que quieran colaborar con su ofrenda al fondo de solidaridad universal de esta Obra.
  4. Realizando distintas actividades culturales y recreativas que favorezcan la animación misionera y la recaudación de las ofrendas para ayudar a los niños y adolescentes del mundo entero.