«Sígueme»

«Sígueme». Fue el lema de la jornada de Infancia Misionera de España que se celebró el 22 de enero pasado. Una palabra que muchos niños y jóvenes ponen en práctica cuando se plantean un compromiso cristiano, un compromiso misionero. Y a quien siguen no es otro que a Jesús, siempre cerca del hambriento, del sediento, del enfermo, del prófugo, del emigrante... Para seguir a jesús se necesita valentía, implicación, servicio, solidaridad... E incluso vocación. ¿tienes tú estas cualidades?

El papa Francisco preguntaba en Cracovia: «¿Sofá o zapatos?». «... Hay que animarse a cambiar el sofá por un par de zapatos que te ayuden a caminar por caminos nunca soñados y menos pensados, por caminos que abran nuevos horizontes, capaces de contagiar alegría, esa alegría que nace del amor de Dios, la alegría que deja en tu corazón cada gesto, cada actitud de misericordia», decía el Papa a los jóvenes, recordándoles que «en el tiempo que hoy estamos viviendo no se necesitan jóvenes-sofá, sino jóvenes con zapatos, mejor aún con los botines puestos». Desde Beleko, la capital de Malí, Ángela García, misionera de las Religiosas de María lnmaculada, invita a los niños y a los jóvenes a que lo pongan en práctica. «Creo que lo más importante es que ellos sean generosos, que no tengan miedo, que consagren unos años de su vida a ayudar a los más necesitados. Nunca se es más feliz que haciendo algo por los demás, sin mirar raza, color o religión. Si no se puede hacer de por vida, hacerla por un tiempo. Bajo mi experiencia de 53 años de vida consagrada y 33 de misionera en África, solo puedo decir que soy feliz y que jamás he sentido arrepentimiento de estar aquí. Yo les invito a que vengan a vernos". No obstante, hablar de felicidad es difícil de entender cuando las vidas y el futuro de millones de niños están en peligro. Lo vemos todos los días en los medios de comunicación, imágenes de violencia, de hambruna, de tristeza y abandono... hablamos de Síria, de Yernen, de Irak...

Precisamente en este país de Oriente Medio, en lrak, el misionero argentino Luis Montes lleva más de cuatro años con los cristianos refugiados y perseguidos. «Son obligados a dejar sus tierras, son humillados, torturados y asesinados de las maneras más crueles e inhumanas. En lrak uno puede ver el odio al que puede llegar el corazón humano y, a su vez, e1 poder de Dios, cómo da fuerza a sus hijos. Los misioneros somos testigos privilegiados por poder estar al lado de los débiles, de los pobres y perseguidos», explica.

Hace dos años le propusieron abandonar Irak y no quiso porque, «a pesar de las muchas dificultades -son países destruidos, la temperatura en lrak puede llegar a los 50 grados, casi sin electricidad-, en los campamentos de refugiados, donde vive gente en situaciones inhumanas, gente que lo ha perdido todo, donde no ven su futuro, no pueden trabajar, no saben lo que va a pasar con sus hijos, tienen que vivir de la caridad de la Iglesia, que les consigue ayuda de fuera; en esos lugares, yo veo más paz y, muchísimas veces, más alegría que en las ciudades de Europa. Porque esa gente ha perdido todo y se ha unido a jesucristo. En Siria, por ejemplo, les han dicho a nuestros sacerdotes que esta Navidad ha sido la más hermosa. Una Navidad en guerra, sin arbolitos ni regalos, pero el corazón estaba apuntando hacia el Niño jesús. Es poner en práctica el «Sígueme» de Infancia Misionera».

Y ante esa realidad, ¿qué siente un misionero?, le preguntamos a Ángela. «Lo primero que se siente es impotencia, tristeza, falta de fuerzas ante tanta necesidad y sin poder solucionarlo. Alguna vez siento rabia de ver que los que pueden hacer algo no lo hacen, como los gobernantes y las potencias. Luego siento ternura hacia ellos y le doy gracias a Dios, pues ellos están felices en su situación y, cuando les pre- guntas, te contestan: 'Esta es mi suerte, y Dios o Alá lo ha querido así'. Esto aumenta tu fe, se cumple siempre la palabra de que los pobres te evangelizan ... Sí, ellos son los más cercanos de Dios. Son los privilegiados. Me pregunto, ¿por qué ellos y no yo? Ellos me evangelízan», explica la misionera de María Inmaculada en Malí.

Luis Montes añade, a este respecto, que, «si uno vive en lugares específicamente difíciles, las gracias y los consuelos que Dios derrama sobrepasan las dificultades cómodamente. Necesitas ayuda, claro. La más importante, la oración. Pero yo estoy enamorado de mi labor y estoy convencido de que no hay amor más grande que el que da su vida por sus amigos y eso es lo que están haciendo los cristianos en Irak. en eso, no les gana nadie. Así que lo que siento es orgullo y honor, aunque me considero indigno de estar con ellos».

El padre Luis Montes, misionero argentino del Instituto del Verbo Encarnado en Irak, ha querido dejar en su paso por España un mensaje a los jóvenes: «Lo que yo les pido es que se interesen por lo que está pasando allá. Porque si conocen la realidad no van a quedar indiferentes. Los jóvenes están atados a cosas que no nos hacen felices, que les parece que es imposible desprenderse de ellas, pero la prueba la tienen en los cristianos perseguidos: encuentro en los campamentos de refugiados de Irak más alegría que en las ciudades de Europa. Hay que dar testimonio de lo que pasa, que se sepa. Yo lo que he descubierto es que, cuando nosotros damos testimonio de los cristianos perseguidos, la gente no recibe este mensaje con indiferencia, sino que se une realmente. Hemos experimentado milagros de conversiones en Occidente gracias a los cristianos perseguidos. Jóvenes que nos dicen 'yo quiero ir para allá', gente que dice que «nunca recé en mi vida y he empezado a hacerla», o niños y niñas que se plantean la generosidad de forma distinta. El último pequeño milagro ha sido una niña que me ha dado su muñeca más hermosa para los niños de Irak».

Nota de Montserrat Vilaseca de la Revista Super Gesto Nº 128 de enero-febrero 2017 (España)


Para mayor información y su actividad misionera del P. Luis Montes se puede visitar la web amigosdeirak.net