Misión IAM

Rinconada Nahuelpán
-Mi testimonio misionero-

Quiero comenzar este escrito definiendo MISION; a esta palabra la define el hecho de llevar la palabra de Dios y festejar que Él está vivo en nosotros… el concepto Misión también se manifiesta en las vivencias que vamos teniendo en el encuentro con la gente.

Para mí, la misión se puede sentir en cosas muy sencillas: cebar un mate, hacer reír a quien necesita una sonrisa, darle un dulce a un niño, compartir una charla con alguien, compartir una oración para dar gracias o simplemente dejar que Dios te hable… en fin, pequeñas y simples cosas que nos llevan a encontrarnos con el otro… cumplir la misión es llevar con nosotros a Dios para que los demás lo conozcan y celebren su vitalidad.

Con mis compañeros, amigos de la IAM de la Capilla Jesús Misericordioso, vivimos junto a los animadores lo que siempre quisimos hacer «salir a misionar» como lo hacían nuestros amigos del grupo misionero que también están en la capilla y muchos de sus integrantes también son nuestros animadores. Fuimos a una comunidad Mapuche llamada Rinconada Nahuelpán que queda en la localidad de El Bolsón.

La misión en la Rinconada Nahuelpán, fue una experiencia inolvidable para todos nosotros. El amor que tenemos por Dios, nos facilitó mucho la convivencia y nos unió más como amigos. Cada mañana, cada noche o cada ratito en que nos reuníamos a hablar con Él y dejar que Él se exprese en cada uno de nosotros, era UNICO. Esta alegría de saber que Jesús estaba a nuestro lado, era la razón que nos motivaba a estar ahí, ayudando y ayudándonos como grupo, ofreciendo nuestros talentos, escuchando, compartiendo y acompañando a la gente. Lo veía expresado en cada momento del día.

En las visitas a las familias y la oración, al principio no sabíamos que decir, hasta que descubrimos que era tan simple como dejar que fluya Dios en todo nuestro ser y dejar así salir las palabras correctas para esos momentos.

Cuando llegamos a la Rinconada no sabíamos exactamente cómo nos iban a recibir. Algunos que ya habían ido pensarían «¿nos recibirán de la misma buena manera que el año pasado?» y los que nunca habíamos ido nos preguntábamos «¡uy! ¿Cómo serán las familias? ¿Cómo nos recibirán?». En fin, íbamos llenos de dudas, porque era nuestra primera misión en ese lugar; pero definitivamente todos nos quedamos atónitos y completamente sorprendidos cuando vimos con cuanto amor nos recibían las familias y con cuántas ansias y alegría nos esperaban los niños. La inocencia que ellos expresaban ¡uy el amor que te hacen conocer! ¡Es tan auténtico! ¡Tan puro!, ¡tan adorable!, ¡tan lindo!, que te daban ganas de darles un gran abraso sin conocerlos… y así lo hicimos… sin pensar, solo con amor.

El hecho de ver y aprender de ellos ¡me hizo tan feliz! Aprender que con algo mínimo que podríamos pensar, casi insignificante como puede ser un caramelito, se puede ser feliz, que con cosas muy sencillas uno puede ser feliz, definitivamente es maravilloso, fue descubrir un gran tesoro…

Vimos en cada momento a Dios reflejado en toda la misión, desde que llegamos, saludamos y conocimos a la comunidad, hasta cuando nos despedían y nos deseaban un buen viaje. Vimos a Jesús en los ojos de los niños, en las sonrisas de los niños, en los mates, en los juegos, en cada merienda, en cada lágrima de felicidad, en cada charla, en todo el paisaje hermoso que nos rodeaba, en fin, definitivamente Dios estaba en todo… y en todos…

Nos llevamos de la misión muchísimas más razones para volver, porque nos hace bien, porque nos sentíamos bien, porque estamos viviendo y estamos celebrando el amor de Dios.
Que nos vayamos a misionar y que volvamos misionados es algo hermoso. Sin duda fue un gran momento en el que pudimos ayudar y brindar nuestros talentos a los demás, pero lo más importante para mí, fue descubrir que quiero vivir la misión como un estilo de vida.

De los niños y Adolescentes del mundo… SIEMPRE AMIGOS!!!!

Francisco 'Pancho' Reyes
IAM Capilla Jesús Misericordioso
Diócesis de Alto Valle


IAM Testimonio animador