Unión de Enfermos y Ancianos Misioneros

de Argentina

Misión, un estilo de vida

El Agente Misionero de la UEAM

Los Agentes Animadores encuentran en los Misioneros de la UEAM el servicio de su misión específica. Es por ello que su acción no sólo será la de animar directamente a los miembros de cada Grupo de la UEAM sino que va más allá, convocando a las personas y lugares que reúnen a los Enfermos y Ancianos bautizados para invitarlos a formar parte de esta tarea. Muchos enfermos y ancianos se encuentran en Instituciones que los albergan (como Hospitales, Hospice, Hogar y Residencias de Ancianos, etc.) y otros permanecen junto a sus familias o viven solos.

Los Ancianos Misioneros que viven en Instituciones y comparten el espacio con otros adultos mayores, le van imprimiendo a este Servicio una dimensión muy especial porque de algún modo su tarea repercute en todo el entorno en donde se encuentran, ya que podrá ayudar a otros que por diversos motivos están alejados de la espiritualidad o simplemente se sienten solos. Además esta actividad creará un clima especial en todo el ambiente, contagiando esperanzas Y actitudes de servicio, experimentando y compartiendo también sus propias vivencias.

Al igual que los Ancianos, los Enfermos pueden encontrarse en alguna Institución en forma temporal o no. Pero en general estos Misioneros viven junto a su familia que los cuida y muchos otros se encuentran solos. Cuando ellos son visitados por los Agentes Misioneros, también se está evangelizando a todo el entorno, porque su presencia y acción no permanece ajena a quienes acompañan al enfermo.

Dentro de la Iglesia existen diversos grupos y actividades llevadas a cabo por distintas pastorales que incluyen a personas enfermas y ancianas. Es por ello que estos grupos constituyen otro punto de contacto para llevar y dar a conocer el servicio que presta la UEAM. Ejemplo de ello son los Grupos de Oración que reúnen a enfermos, la Legión de María, los grupos de la Tercera Edad. el Ministerio del Alivio, entre otros.

Pero sin duda con quienes más tenemos un acercamiento y un trabajo en común es con los Agentes de la Pastoral de la Salud y los Ministros Extraordinarios de la Comunión.

Ellos están constituidos por personas muy preparadas para la atención y el trato con los enfermos y los ancianos. Conocen muy bien las características y la modalidad de cómo visitarlos. Es por ello que estos grupos se constituyen como una oportunidad especial, porque serán ellos los que animen y ofrezcan a las personas que visitan la oportunidad de ser miembros de la UEAM, invitándolos a que rece por las misiones, y a la vez que ofrezca sus limitaciones, dolores y sufrimientos por la redención propia y de otros que tanto la necesitan.


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Jesús y los enfermos


Jesús y los enfermosLeyendo con atención los textos bíblicos, descubrimos un mundo de dolor que parece rodear al Señor. Él mismo Jesús parece un imán que atrae a cuanto enfermo se cruza en el camino.

Si él mismo se hizo llamar el Médico que viene a curar a los enfermos, no puede decir «no» cuando clama el dolor.

El amor de Jesús es el amor por los que sufren. El prójimo para el Señor es el que está sumido en la miseria y el dolor. La Buena Noticia que vino a dar es sobre todo para los enfermos.

El dolor y el sufrimiento no se pueden tomar como una maldición; tienen un hondo significado que debemos saber descubrir.

El dolor suscita compasión, respeto; también provoca cierto temor. El sufrimiento físico se da cuando sufre el cuerpo, mientras que el sufrimiento moral es dolor del alma. Jesús palpó ambas enfermedades en la gente que iba a su búsqueda.

Para vislumbrar el sentido del dolor tenemos que asomarnos a las Escrituras que es el gran libro sobre el sufrimiento. La enfermedad, la pena, el dolor, son misterios que el hombre no puede comprender con la inteligencia.

Desde que Cristo asumió el dolor en todas sus faces, el sufrir tiene valor salvífico y redentor. Hay que creer en esto, no para una vana resignación, sino para asumirlo con valor y madurez; esto se da ofreciendo el dolor con amor.

Todo sufrimiento hace madurar y nos une al sacrificio redentor de Cristo. Asociarse a su pasión y a sus dolores es el secreto para sobrellevar la enfermedad con sentido y creyendo que es la antesala a la gloria de la resurrección.