Subsidio Nº 1

Celebrar

Cercanos a la fiesta mayor de nuestra Iglesia, queremos caminar junto al Gran Misionero del Padre, en su camino hacia la Pascua.

Los invitamos a vivir en sus comunidades y en las misiones que realicen dentro de las mismas, en sus Parroquias o en sus lugares de misión este «Triduo Pascual Misionero».

Para meditar, rezar y compartir la Alegría de la Resurrección.

Algunos tips para vivir estos días

TU VIDA ES MISIÓN: La vida de Jesús estuvo marcada por la misión y El te invita a que vivas de misión permanente.

LA PASCUA NOS RESIGNIFICA COMO MISIONEROS: Meditar en la Pascua de Jesús es revisar nuestra vida, intentando descubrir las actitudes misioneras que marcan nuestra cotidianeidad y nos ayudan a redimensionar nuestra vocación misionera.

LA PASCUA ES ALEGRÍA QUE NACE DE JESÚS RESUCITADO: Animate a anunciarlo con tu vida. Sé testigo de la Resurrección.

Si la Pascua no nos cambia nada, algo está sucediendo mal...

Jueves Santo: «EUCARISTÍA Y MISIÓN»_

Disponer un lugar para compartir la Palabra y luego poder realizar pan para compartir con la comunidad (amasando y horneándolo).
Preparar una mesa donde se pueda proclamar la palabra y luego amasar el bollo de pan.

Relator
La mesa es el lugar que tantas veces nos congrega, es lugar de encuentro, donde se comparte la vida, el pan y la Palabra. (entra una mesa).
Alrededor de esta mesa queremos celebrar, por eso traemos para esta ocasión un mantel, signo de acogida para el que llega a nuestra casa, para esta Cena que el mismo Jesús quiere compartir con nosotros.
En esta mesa no queremos que nadie se quede afuera, hay lugares para todos los que quieran compartir, por eso acercamos sillas para que todos tengan un lugar. (entran algunas sillas alrededor de la mesa de manera simbólica)

Una vez dispuesta la mesa, alguno de los presentes acerca la Biblia y alrededor de la mesa proclama el Evangelio de Mateo 26. Puede hacerse un canto apropiado.

Iluminación
Mt. 26, 26-29
Leemos: Él quiso que, como en su última Cena, sus discípulos nos reuniéramos y nos acordáramos de Él bendiciendo el pan y el vino: «Hagan esto en memoria mía»(Lc 22, 19).
Jesús nos encomendó la misión. La Iglesia es la comunidad que, sobre las huellas de los primeros discípulos y apóstoles, sigue cumpliendo, a través de los siglos, esta misión en el mundo.
La primera comunidad de discípulos, reconocieron al Señor al partir el pan, ellos son reconocidos porque comparten ese pan (Hechos 2, 44-47). Por la Eucaristía reafirmaban su identidad religiosa.
El documento de trabajo del CAM V: «América en misión: el evangelio es alegría» expresa: La celebración eucarística de la fracción del pan es la presencia reconocida y gozosa del Resucitado en el mundo y fuente y cumbre de la vida cristiana.
La Iglesia hace de la Eucaristía en nuestro pueblo la mejor expresión del Evangelio, pues toda ella es Palabra de vida y Sacramento de la salvación.

El memorial del Señor que se entrega, de su pasión, muerte y resurrección, ahora se convierte en un pan que expresa lo que es el cuerpo de Jesús y lo que ha sido toda su vida hasta la muerte y resurrección: don de Dios (tomar el pan), agradecimiento al Padre (bendecirlo), amor sacrificado del Hijo (partirlo) y entrega de la vida del Espíritu (darlo).
La Buena Nueva de la que el mundo tiene hoy necesidad es una sociedad que se apoye en la fraternidad y viva compartiendo. Solo así Dios se muestra entre nosotros.
Nuestra celebración eucarística debería permitirnos concentrar nuestros esfuerzos en alcanzar este ideal. ¿Cómo hemos de loororlo? ¿Cómo podemos celebrar de manera a orientarnos cada vez más hacia ese fin?
Estas son las vías de reflexión que deberíamos abordar juntos como discípulos de Jesús en torno a la Eucaristía, que no es solamente la conmemoración de su muerte y de su resurrección, sino también su presencia viva entre nosotros.

Compartimos
¿Como es mi encuentro con Jesús, en la Eucaristía?
¿Cómo hacemos realidad la misión a la que hemos sido enviados?
¿De qué modos concretos nuestra comunidad hace de la fracción del pan su identidad misionera?

Gesto Misionero
En lo mesa donde se ha compartido lo Palabra, como los primeros comunidades compartiremos el poniéndolo todo en común, siendo partícipes de lo misión de Jesús que necesito de nosotros para comunicar a todos lo alegría del Evangelio.
Por eso los invitamos a realizar pan, en comunidad. El Pan, algo ton sencillo y necesario como el alimento, permite que reconozcamos o Jesús en medio nuestro.
Hoy pedimos que también lo reconozcamos al partir el pon, que anunciemos que Jesús está presente de uno vez y para siempre en la Eucaristía, que codo vez que compartimos la mesa, nos hacemos familia, amigos y el Señor está en medio nuestro.
Haberlo reconocido a Cristo en lo fracción del Pan, habilito lo misión, nos compromete e impulso o lo misión.

Luego de haber realizado el pan, les proponemos compartir los pequeños bol/itos con los vecinos y demás miembros de la comunidad.

Se recomienda preparar una tarjeta con alguna frase significativa y alusiva a la Eucaristia para que acompañe el pan que se reparte.

Concluir el momento celebrativo de este dia rezando con la canción «Haciendote Pan» (P. Eduardo Meana).
Puede realizarse una exposición del Santisimo.


Viernes Santo: «ENTREGA Y MISIÓN»_

Disponemos en este día un ambiente donde la Cruz presida el encuentro.
Proponemos que alrededor de la Cruz se expongan carteles con las 7 palabras que pronunció Jesús.

  • 1. «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lucas, 23: 34).
  • 2. «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraiso» (Lucas, 23: 43).
  • 3. «Mujer, ahí tienes a tu hijo. [ ... ] Ahí tienes a tu madre» (Juan, 19: 26-21).
  • 4. «¡Dios mío, Dios mio!, ¿por qué me has abandonado?» (Mateo, 27: 46 y Marcos, 15: 34).
  • 5. «Tengo sed» (Juan, 19: 28).
  • 6 «Todo está cumplido» (Juan, 19: 30).
  • 7. «Padre, en tus manos encomiendo mi espiritu» (Lucas, 23: 46).

Disponer de cintas o carteles y fibras para la dinámica siguiente.
Preparar cantos apropiados para este momento.
En silencio y mirando la Cruz de Jesús se comienza la celebración escuchando la canción «Las siete Palabras» de Eduardo Meana.

Iluminación
Jn. 19, 23-30
El misionero del Padre ha entregado su vida. En este viernes Santo acompañamos como el discípulo amado, lo Pasión de Cristo.
Su muerte es muerte que sana. Muerte que libero y abre nuevos posibilidades.
Muerte que inquieto el corazón. Mirar a Jesús en la cruz es un reto paro llegar a comprometernos como El.
El desafío de seguir a este Jesús crucificado, que calla, que se entrega, es saber que en coda momento de la Pasión el Maestro nos está esperando.

Reflexionemos divididos en grupos pequeños las 7 últimas palabras de Jesús en su camino al Padre. Al rezarlas y compartirlas pongamos el corazón en cada escena.

A cada grupo se le asigna una de las 7 palabras junto a la reflexión

Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen (lc. 23: 34).
Los responsables de que Jesús este en lo Cruz, estón allí al pie. Jesús dice que no saben lo que hacen, pero si lo soben, se ríen, blasfeman, se burlan. Aun así, El, el verdadero rostro de lo Misericordia del Podre, do culmen con estos palabras o todo la pasión en el perdón.
Nosotros somos los que crucificamos O Jesús y lo hacemos día a día, con nuestros mentiras, hipocresías, faltos de amor, miradas altaneros y mil cosas mós. Esto oración al Podre, no es poro mi vecino, o poro aquel que no trago en lo comunidad, es poro mi. .. porque no se lo que hago.
Hazme pensar tu primero palabro cuando recite distraído el Padre Nuestro y afirme perdonar o los que me ofenden. Necesito tu fuerzo poro perdonar de corazón o aquellos que mi orgullo y mi egoísmo consideran como enemigos.
Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraiso Lucas, 23: 43
Jesús nos ha salvado permaneciendo en la cruz. Y todos nosotros sobemos que no es fácil 'permanecer en lo cruz'; en nuestros pequeñas cruces de cada día.
Él, en esta gran cruz, cumple su donación de amor y surge para siempre nuestra salvación. Muriendo en lo cruz, inocente entre dos criminales testimonio que la salvación de Dios es para todos: ¡poro todos! Ninguno es excluido. Eso es lo que anunciamos. Esa es la buena nueva.
Ojolá no seamos nosotros, en nuestras comunidades los que muchas veces le cerramos lo puerta o los demás ton solo por ser diferentes, o tontos otras veces que recibimos o alguien pero no le damas su lugar, por pensar diferente. La Salvación es para todos y la promesa del Reino es para cada uno de nosotros, como somos, con lo que tenemos y lo que nos falta.
Te pedimos Señor la gracia de atrevernos a exigir y esperar todo de Su bondad. El coraje de decir, como si fuera el mayor de los criminales, 'Señor, acuérdate de mí cuando estés en tu Reino'.
Mujer, ahí tienes a tu hijo. [ ... ] Ahí tienes a tu madre» (Juan, 19: 26-21).
La Madre y hermanos de Jesús son los que cumplen la voluntad del Padre que está en los cielos (Mc 3, 34-35).
Lo escena es conmovedora. En la suprema agonía de la salvación, Jesús se ha conmovido por el llanto de su madre y le ha dado un hijo y al hijo una madre. Al entregar la Madre al discípulo amado, nos lo ha entregado a cada uno de nosotros.
y María viene a nuestro casa, es la Reina de la Misión que se nos ha confiado. María camina con nosotros como Itatí, Luján, del Valle, Huachana, del Rosario, Guadalupe, CaaCupé... solo algunos de los nombres que nuestro pueblo da a María cada vez que Jesús nos dice: «Pueblo, aquí tienes o tu madre».
María, te invitamos a nuestra casa porque sabés muy bien que desde que murió tu hijo Jesús tu casa es la casa de Juan, tus casas son los casas de tus hijos, los hombres. Ven o vivir con nosotros que estás en tu casa, María".
¡Dios mío, Dios mio!, ¿por qué me has abandonado? (Mateo, 27: 46 y Marcos, 15: 34).
Más que un reproche hacia Dios, es la oración del justo que sufre y espera en Dios; Jesús, en lugar de desesperar y olvidarse de Dios, clama al Padre pues confía en que él lo escucha, pero Dios no responde, porque ha identificado a su hijo con el pecado por amor a nosotros, y este debe morir, Jesús, colgado en la cruz, es rechazado ahora por el cielo y por la tierra, porque el pecado no tiene lugar.
Que pongamos de nuevo toda nuestra confianza y esperanza en Dios Podre, en el momento de lo angustia, y le podremos rezar con fe también nosotros y nuestro grito de auxilio se tronsformorá en cantos de alabanza.
Cuántos veces en nuestros vidas hemos sentido el abandono de Dios. ¿Por qué a mi? ¿Por qué ahora? ¿Qué hice Señor? Preguntas y preguntas como la de Cristo que encuentran como respuesta el silencio de Dios.
Por lo general, es lo mejor respuesta que nos puede dar, pero no lo entenderemos hasta que sepamos que del silencio brota la resurrección.
Tengo sed (Juan, 19: 28).
La sed es algo profundamente humano y natural, tan necesario para conservar la vida tanto casi como lo misma existencia de Dios que nos conservo; pero la sed de Cristo es mucho más profundo no puede ser colmado solo con agua, es la sed de que todos sus hermanos puedan tener agua y comida suficiente ... es la sed de los pobres de ayer, de hoy y de siempre.
¿Nos preocupamos de calmar la sed de nuestro pueblo? Nos decía Mons. Oscar Romero (Obispo de San Salvador) 'El mundo al que debe servir la Iglesia es el mundo de los pobres, y los pobres son los únicos que deciden lo que significa para la Iglesia vivir realmente en el mundo.
Pidamos la gracia de comprender que la Pasión era una misión que cumplir, no un ciego destino; era la voluntad del Padre, no lo maldad de los hombres; redención de amor, no crimen de pecadores.
Todo está cumplido (Juan, 19: 30).
Jesús finaliza su misión entre nosotros ... LLevó todo a plenitud.
La puerta de la vida se ha abierto de par en par. La libertad de los hijos de Dios ha sido conquistada. ¡Ahora puede soplar el viento impetuoso de la gracia! El mundo en la oscuridad comienza, lentamente, a arrebolarse con el alba de tu amor.
Ahora nos toca a nosotros, ser los portadores de un mensaje que no es nuestro, el mensaje de que 'todo se ha cumplido' y la redención fue consumada por Cristo desde la Cruz y la resurrección. Somos testigos de esta resurrección.
Jesús, sea cual sea mi misión que me haya encomendado el Padre -grande o pequeña, dulce o amarga, en la vida o en lo muerte-, concédeme cumplirla como Tú cumpliste todo! Permíteme llevar a plenitud mi vida.
Padre, en tus manos encomiendo mi espiritu» (Lucas, 23: 46).
Jesús se entrega en las manos del Padre. Sus ojos, en los que ya se ha hecho la noche, son capaces de ver al padre; se han fijado en la pupila quieta de su amor, y su boca pronuncia la último palabra de su vida:
Todo lo devuelve a quien todo se lo dio. Sin garantías y sin reservas confía todo a las manos de su Padre.
Estas manos sostienen seguro y cuidadosamente. Son como los manos de una madre. Todo es luz y gracia, todo es seguridad al amparo del corazón de Dios.
A veces no es fácil confiar todo en manos de nuestro Padre, nos pasamos confiando más en nuestros fuerzas que en las de Dios.
Abraza tu cruz, Señor del amor eterno, corazón de los corazones, corazón paciente, traspasado e infinitamente bueno. Ten piedad de mí. Acógeme en tu amor.

Gesto Misionero - Compromiso
Terminado el tiempo de reflexionar en torno a las palabras de Jesús, ubicados alrededor de la Cruz y tomando una de las cintas cartel proponemos escribir allí nuestros nombres pidiendo la gracia de estar en la Pasión de Cristo para que nuestra Vida se haga Pascua, para ser Pascua para los demás, cumpliendo nuestra misión.
Mientras escribimos nuestros nombres para asociarlos a la Cruz de Cristo descubramos cuáles son las formas con las que a veces nos fugamos de nuestra cruz.
Cada uno tiene su modo de huir; pero a la cruz no se la puede 'gambetear'.
Se dice que un hombre que huye no soporta el silencio, no sabe de espera, no aguanta ni abraza nada y se saca de encima todo. En cambio el hombre que sabe estar al pie de la cruz, espera, aguanta, abraza, sostiene.
Esta imagen del 'saber estar'; está simbolizada en María.
Que esta Pascua sepamos estar con Jesús y renacer con El.

Con cantos realizamos unos minutos de adoración de la Cruz.


Vigilia Pascual - Domingo de Pascua: «La ALEGRÍA DE LA RESURRECCIÓN»_

Hemos llegado al final de este triduo, la muerte ha sido vencida y ese es nuestro gozo.
El templo o lugar donde se realice el encuentro se dispone a oscuras. Los participantes afuera del templo tendrán una vela que se encenderá después de la proclamación del evangelio de Lc 24, 1-11.
Adentro sugerimos ornamentar con piedras apiladas, que simulen ser un sepulcro abierto y dentro o alrededor del mismo una vela a modo del cirio pascual signo de la resurrección.
Vamos a poner la mirada en el sepulcro vacío que irradia luz. Una vez terminada la lectura de la Palabra, se ingresa al templo o donde se esté realizando el encuentro, y se enciende la luz del cirio, mientras se realiza un canto.

Iluminación

Dentro del templo, se lee del Documento Previo al CAM V:

La alegría de los discípulos misioneros se fundamenta en la resurrección de Jesús.
La primera palabra de Jesús resucitado en su aparición a las mujeres, la primera que cuenta el Evangelio de Mateo, fue: «Alégrense» (Mt. 28,9).

A continuación se entrega a cada participante una copia de «Carta de María Magdalena» Se lee en voz alta la carta.

Fue precisamente una madrugada como la de hoy. La madrugada de un día domingo que no olvidaré nunca más.
Y aunque me encontré con Él muchas veces y cambió mi vida por completo desde la primera vez que lo vi y oi, esa mañana fue sencillamente un encuentro con la verdad misma.
Con mucho dolor y una gran tristeza fuimos al sepulcro para ungir su cuerpo, ese mismo cuerpo que el día anterior habíamos visto con María, su madre, ser depositado sin vida, frágil y lacerado, en el sepulcro.
Caminábamos sin hablar; porque cualquier palabra podía abrir nuestro dolor.
Caminábamos entonces sin esperanzas pensando que todo había acabado.
Nuestras preocupaciones eran otras, no sabíamos cómo íbamos a correr la piedra que cubría el sepulcro.
A veces sucede eso, que nos detenemos en pequeñeces cuando lo verdaderamente importante está en otra cosa.
Imaginen nuestra sorpresa al llegar y ver que el sepulcro había sido abierto y que un hombre nos dijera que Él no estaba allí, que Jesús había resucitado.
La primera reacción fue el miedo. Pero todo eso pasó cuando el mismo Jesús se presentó delante de mí y me miró a los ojos ...
No sé si fue el sol el que cambió, pero todo resplandeció en aquel día, los colores se llenaron de novedad y la vida tenía, por fin un aroma diferente, mucho mejor que cualquier perfume que pudieras comprar y mucho más alegre que cualquier felicidad pasajera.
Entonces, solo entonces comencé a comprender las palabras del Maestro y, aunque corrí donde los amigos de Jesús y estos no me creyeron, nada me importaba, yo lo había visto y había sentido que por fin, el dolor y la muerte tenían sentido en la vida que se abría para cada uno de nosotros.
Ya no cabía ni la pena ni la tristeza.
Por eso corri, porque a mi corazón le brotaron alas, y no era tiempo de luto ni de tristeza, era tiempo de fiesta, tiempo de vida.
Y aunque no podía comprender el misterio de lo que había sucedido, supe que había que gozarlo, porque la vida se había mostrado en su plenitud.
Porque no es sino por amor que Jesús resucitó de la mano del Padre, para invitamos a la verdadera fiesta que no tiene fin.

Gesto Misionero - Compromiso
Después de la muerte de Jesús, los discípulos impulsados por un nuevo ardor, después de la Resurrección, salen con alegría a realizar su tarea misionera encomendada por el mismo Cristo. Hoy nosotros, con la fuerza del Espíritu Santo, estamos llamados a anunciar 'lo que hemos visto y oído' en todos los ambientes de la sociedad.

Proponemos en algún momento del tiempo pascual (50 días hasta Pentecostés) organizar en alguna de las zonas más periféricas del barrio, Parroquia, pueblo, una carpa misionera con el objetivo de transmitir la alegría de la resurrección.

Incluir en la carpa cantos de animación, una batucada, panfleteo misionero (en los alrededores), un momento de adoración eucaristica, oración en torno a una imagen de la Virgen, entre otros.

Preparar souvenir para entregar (como sugerencia, velas con los signos del Cirio Pascual) que manifiesten la alegría en este tiempo Pascual.


Material en pdf>>

Grupos Misioneros