Una buena espiritualidad misionera

Pbro. Dante De Sanzzi

Muchos cursos y talleres realizamos para nuestra formación religiosa.

Los que trabajamos el tema misión, hemos escuchado muchas veces de cómo debemos vivir la espiritualidad misionera. Algunos no la entienden, porque piensan que hablar de misión es solo «salir de misión». Pero olvidamos que el verdadero discípulo del Señor, es aquel que lleva una vida acorde a lo que predica.

Espiritualidad misionera es vivir el espíritu de Jesús. Encarnar el Evangelio, que quiere decir, llevar el Evangelio a mi vida.

Jesús caminaba, escuchaba, observaba y luego enseñaba; todo esto con la Sabiduría del Padre. Una buena espiritualidad misionera es hacer lo que Jesús hizo.

Mucha tarea pastoral nos hace correr el riesgo de alejarnos de este ideal. Se nota en no pocos grupos misioneros e incluso en grupos pastorales en general, que cuesta mucho el momento de oración, de reflexión. La preocupación "porque todo salga bien" nos aisla de lo más importante: escucharlo a Él.

El mejor ejemplo de espiritualidad para nuestra misión, la mejor clase, la da el mismo Cristo en la casa de Lázaro y sus hermanas. Marta limpiaba, iba y venia, trabajaba fuertemente para mantener el orden. Pero se olvidaba de mantener el "orden interno". María, su hermana, eligió la mejor parte: estar con Él. A los pies de Jesús está la mejor escuela misionera.

Por eso, lo primero que debemos recordar es no perder "la mejor parte": estar con Jesús, hablar con Él, escuchar sus enseñanzas, vivir su vida, saber leer los signos de los tiempos.

Cualidades del auténtico espíritu misionero

Hay cualidades que no podemos dejar de lado para una espiritualidad acorde a la misión:

En primer lugar es importante el diálogo. Dialogar es compartir. Sé que en la misión me encuentro con gente distinta en pensar y en actuar. El hablar con el otro me lleva a comprender la realidad que me rodea. Las historias son distintas, y mientras voy haciendo este recorrido, voy creciendo en la vida de oración y misión. Muchos fracasos misioneros se dan por esta falta de diálogo con los hermanos y otras religiones. Misionar no es imponer, sino comprtir y entender; es saber escuchar.

Como segundo punto, el verdadero misionero es cercano. Cercanía es no discriminar, es estar al lado de alguien que Dios puso en mi camino y en esta misión. El hermano palpa la cercanía. Los ejemplos bíblicos de Zaqueo o la mujer pecadora que Jesús anima y reconforta a pesar de su comportamiento, muestra la verdadera espiritualidad del misionero enviado del Padre.

No perder, como punto importante, el espíritu de caridad. La caridad fraterna, tanto en el compartir las alegrías, las tristezas y las esperanzas de los hombres. Caridad siempre es sinónimo de amor; punto imprescindible para la misión. Jesús nos enseña que "nadie tiene más amor que el que da la vida por los amigos" y ahí entra a jugar la verdadera misión: es dar y darse.

Un cuarto aspecto de espiritualidad bien entendida es la humildad. No solo llamar a Dios "Señor, Señor" y luego hacer cualquier cosa. O estar horas de rodillas sin tener este espíritu de sencillez. El buen misionero no es el que sabe todo, sino el que entrega todo y no se guarda nada para sí.

A modo de conclusión

Dejar de lado el espíritu narcisista, el pesimismo que derrumba, la soberbia que mata, el desinterés que endurece el corazón. Todas actitudes que lamentablemente rigen en algunos grupos misioneros y de evangelización en general.

Vivir una plena espiritualidad misionera es vivir a imagen del Buen Pastor: correr el riesgo por uno solo, por un alma, por una vida. Esta es la mejor oración que le podemos ofrecer a Jesucristo el Señor de nuestra historia.

Que en las misiones de verano y en las de todo el año podamos vivir en plenitud esta forma de espiritualidad, acorde a lo que pide el Señor.


Semana Santa