Como ovejas en medio de lobos

Pbro. Dante De Sanzzi

Tanto el capítulo 10 del Evangelio de Mateo como también el capítulo 10 según San Lucas, ambos evangelistas lo muestran y lo relatan como el Discurso misionero de Jesús, un discurso plenamente apostólico, es decir, para los elegidos y llamados al apostolado misionero.

Aquí entran como figuras los íntimos del Señor en su tiempo. Luego la Iglesia entiende que todo discípulo es misionero y también Jesús cuenta con almas dispuestas a llevarlo, hasta hoy, por los confines del mundo.

Luego de explicar como debe ser la postura del enviado, sin más ropa que la puesta, sin tanta preocupación por el alimento, sin alforja ni dinero, anticipa como es el enviado y la postura de muchos que van a recibirlos: ovejas en medio de lobos (Lc 10,3; Mt 10,16)

Jesús predice las persecusiones. En esa época sin dudas eran de temer. La muerte podía sorprender al discípulo misionero en cualquier circunstancia. Si bien hoy estamos lejos de aquella realidad, también podemos sufrir ciertas “persecuciones”.

Jesús pide llevar la paz, saludar a todos a costa incluso de una mala reacción. Sacudir el polvo de los pies es mostrar que ese pueblo o ciudad no ha merecido ser visitado por el Salvador. La misión y la paz van unidas, y en este tiempo de tanta necesidad de tranquilidad y llenos de inseguridad, los pueblos necesitan ver un signo, y el mejor, el único, el veraz, es el rostro del Padre que visita y acompaña.

El Evangelio sigue luego diciendo que “no hay que pararse a saludar a nadie”. Pareciera una actitud contraria al Evangelio o a lo propuesto por el mismo Jesús. Pero hay que entender que el mensaje es que la misión no puede esperar. Hay que seguir avanzando en el camino. Por cierto que se debe saludar a la gente como un signo de deferencia y de paz. Pero en muchas ocasiones también está la tentación de la comodidad.

Desprenderse y seguir. El cristiano se mueve como una oveja en medio de lobos, pero con la certeza y seguridad de Aquél que nos protege.


Discurso misionero de Jesús