María es 'Reina' porque dijo «sí» a Dios

 

Pbro. Osvaldo Pablo Leone
Párroco del Santuario 'Ntra Sra. de la Cosolata'
Sampacho - Córdoba
Director Nacional OMP (Período 2007-2012)

Esta experiencia que voy haciendo día a día junto al pueblo de Dios, como párroco del Santuario Nuestra Señora de la Consolata, afianza en mí corazón la convicción de que en María, nos encontramos con Cristo, con el Padre y el Espíritu Santo, de que la Madre nos ayuda a salir de nosotros para ir al encuentro de los hermanos, sobre todo de aquellos que pasan por alguna necesidad espiritual o material.

Reunidos en torno a la Madre, en torno a La Consolata, ella nos atrae con su ternura, convirtiéndose en el "alma" y modelo en nuestra comunidad tan fuertemente mariana. Como Madre nos atrae a todos, lo vemos cada año en su fiesta cuando congrega a multitudes para volver a hablarnos al corazón y decirnos una vez más "hagan lo que Él les diga" (Jn 2,5). Esta experiencia tan fuerte de la presencia de María en nuestra vida, nos lleva a descubrir una y otra vez su acción materna y de intercesora ante su Hijo.

María es la gran misionera que nos forma y nos encamina hacia Jesucristo. Nos convoca y nos reúne para enseñarnos lo importante que es la Palabra de Dios para nuestra vida de cada día y que no solamente debemos escucharla, sino también tratar de ajustar nuestro modo de proceder a esa Palabra.

Para cada cristiano, María es Reina porque es la Madre del Rey de Reyes y es Madre entrañable que intercede, que tiene sus ojos puestos en las necesidades de cada uno de sus hijos, así como sucedió en las Bodas de Caná (Jn 2, 1-12). Con su actitud nos enseña un estilo de vida diferente, donde lo que resalta, lo más importante es la solidaridad, la fraternidad, el servicio, la atención y cuidado de los otros, sobre todo del más débil o necesitado.

María Reina es la mujer del «Sí», de ese sí que hizo posible el nacimiento de Jesús. Les comparto un salmo del Sí de María que nos puede ayudar a ver con más claridad qué clase de Reina es María, la Madre de Jesús y nuestra Madre:
María, Madre del sí,
tu ejemplo me admira.
Me admira porque arriesgaste tu vida;
me admira porque no miraste a tus intereses
sino a los del resto del mundo;
me admira y me das ejemplo de entrega a Dios.

Yo quisiera, Madre, tomar tu ejemplo,
y entregarme a la voluntad de Dios como tú.
Yo quisiera, Madre, seguir tus pasos,
y a través de ellos acercarme a tu Hijo.

Yo quisiera, Madre, tener tu generosidad y entrega
para no decir nunca «no» a Dios.
Yo quisiera, Madre tener tu amor
para ser siempre fiel a tu Hijo.

Madre del sí,
pide a tu Hijo por mí, para que me dé tu valentía.
Pide a tu Hijo por mí, para que me conceda
un corazón enamorado de él.
Pide a tu Hijo por mí, para que me dé
la gracia necesaria para entregarme y no fallarle nunca.

Podríamos decir que toda la vida de María como Reina y Madre fue un continuo sí a Dios: siempre hizo su voluntad, fue humilde, jamás alardeó de ser la Madre de Jesús. Permaneció fiel a Jesús, incluso cuando todos lo abandonaban.

Su vida está marcada por la confianza en Dios, no fue mediocre, se entregó por entero a Dios. También fue la que sostuvo la fe de los apóstoles cuando dejaron de creer.

El Santo Papa Juan Pablo II decía que «el título de Reina no sustituye al de Madre: su realeza sigue siendo un corolario de su peculiar misión materna, y expresa simplemente el poder que le ha sido conferido para llevar a cabo esta misión. Los cristianos miran con confianza a María Reina, y esto aumenta su abandono filial en Aquella que es madre en el orden de la gracia».

El reinado de María es un reinado de amor y servicio, para nada lo es de pompas inútiles y menos aún de prepotencia como muchos reinados que a menudo vemos en nuestro mundo. A María le interesa reinar como su Hijo, desde la ternura de su maternidad, poniéndose al servicio.


Parientes de Dios