Sobre «Espiritualidad Misionera»

Nadie puede dudar que Jesús haya sido el misionero más completo y eficaz de la historia. Quien quiera ser misionero debe espejarse en Él, modelo perfecto, y seguirlo.

Jesús se mostró dócil al Espíritu Santo. Cada misionero, lógicamente, tendrá que reproducir en sí mismo esta caracteristica. Será la docilidad al Espíritu que dará al misionero: coraje para actuar, luz para entender y franqueza para proclamar al Evangelio.

La misión, sobre todo hoy, es difícil y compleja, y continúa exigiendo personas que se dejen poseer y guiar por el Espíritu Santo. Siempre será Él quién orientará al misionero a Cristo.

Cristo no quiere admiradores, sino discípulos

"El misionero experimenta la presencia reconfortante de Cristo que lo acompaña en todos los momentos de su vida" (Cf. RMi n°88). Solamente teniendo presente a Cristo, todo misionero podrá repetir como san Pablo: "me hice débil con los débiles... me hice todo con todos, a fin de salvar a todos. Todo lo hago por causa del Evangelio..." (1Cor 9,22-23),

"Al misionero se le pide que renuncie a sí mismo y a todo aquello que antes poseía como suyo, y se haga todo para todos: en la pobreza que lo hace libre para el Evangelio, en el alejarse de personas y bienes de su ambiente originario para hacerse hermano de aquellos a quienes es enviado, llevándoles a Cristo Salvador" (Cf. RMi n°88).

La caridad es la otra característica del misionero. Donando su vida para el prójimo el misionero se convierte la encarnación del 'Amor de Dios' para cada hombre. Para los no-cristianos, él debe ser el hermano universal, amigio de todos, particularmente de los más pobres, capaz de superar fronteras y divisiones de razas.

"El misionero es impulsado por el 'celo de las almas' que se inspira en la propia caridad de Cristo, hecha de atención, ternura, compasión, acogida, disponibilidad y empeño por los problemas de la gente" (Cf. RMi n°89).


Espiritualidad Misionera