«El amor puede más que cualquier limitación»

Cómo no ser misericordiosos también nosotros para nuestros hermanos enfermos y ancianos

Los cristianos hemos tenido la gracia que durante este año el Papa Francisco nos ha regalado un año Jubilar, el de la Misericordia.

Este acontecimiento no pasará desapercibido para aquellos que día a día vamos reflexionando sobre el amor infinito que Dios tiene por sus hijos. Como decimos y con mucha razón nos han enseñado, un amor incomprensible desde la dimensión humana, el cual podemos percibir por medio de la gracia acerca de su inmensidad y bondad, la que entonces se manifiesta en nuestras vidas en cada acto cotidiano si somos dóciles a él.

Tal como dice Francisco, Dios es amor, El nos amó primero, nos ama siempre. Y ese amor manifestado de tantas maneras a los hombres hace que este año, con sus acciones, palabras y actitudes de aquellos que se hacen eco de este año jubilar, llega a toda la humanidad, más allá de cualquier religión, creencia o cultura; o sea que rompe cualquier frontera o límite. Y esto es muy bueno para todos los hombres que convivimos en nuestra casa común.

Tenemos entonces la oportunidad de meditar acerca de este amor tan profundo y divino que es exclusivo para cada uno de nosotros en lo particular y para cada necesidad personal. ¿Quién podría decir que no tiene necesidad de ser amado? Justamente este no es un amor cualquiera, es El Amor con mayúsculas, el que tiene por nosotros nuestro Padre, aquel que nos creó, el que nos "primerea" amándonos. El que se entiende muy bien en el Evangelio cuando nos habla claramente al decirnos qué padre le va a dar una piedra a su hijo cuando tiene necesidad de pan...

Sobre esta base fundamental y tan básica es de donde partimos y comenzamos a transitar por este camino de misericordia, en el cual cuando más ahondamos en ella, mucho más la conocemos y la experimentamos.

A tal punto de llegar a sentir lo que el mismo Papa nos recuerda: «¡No existe algún pecado que Dios no pueda perdonar! ¡Ninguno! Sólo lo que es sustraído a la divina misericordia no puede ser perdonado, como quien se sustrae al sol no puede ser iluminado ni reconfortado».

Ahora bien, si somos capaces de entender estas reflexiones y por sobre todo de vivirlas, es entonces cuando aparece en cada persona el sentimiento natural de compartir esa experiencia, ya que si no caeríamos en un amor egoísta, justamente muy contrario al que estamos tratando.

Una oportunidad que nos ofrece la Iglesia en el servicio de atención a aquellos que sufren limitaciones por su edad o por alguna enfermedad, es justamente el camino por donde transita la Unión de Enfermos y Ancianos Misioneros. En la UEAM no sólo atendemos las necesidades de aquellos hermanos en situaciones especiales, sino que estas mismas personas comienzan a ser miembros activos de la tarea misionera, demostrando de este modo que el amor puede mucho más que cualquier pecado o limitación. No nos sorprende entonces, a la luz de estas reflexiones, observar en estos tiempos que aparezcan cada vez más inquietudes, desde las parroquias y las diócesis, por conocer, desarrollar y formarse en torno a esta actividad, la cual está revestida de ciertas particularidades que le imprimen un carácter específico. Es así como de este modo se arman los Equipos Diocesanos y comienza el trabajo, muchas veces en conjunto con otras pastorales y grupos parroquiales, los que van promoviendo a la UEAM, con el objetivo de compartir la actividad con ancianos y enfermos.

Resulta muy emocionante ver trabajar a estos Equipos y a los Agentes Animadores visitando da los enfermos, meditando con ellos la Palabra, rezando y encomendándoles tareas específicas para que cada enfermo y anciano lleve adelante su tarea y actividad como un misionero más.

Aunque muchas veces no es fácil dar inicio a los primeros Equipos, ya que hay que poner esfuerzo y sobre todo requiere de mucha dedicación; pero aún así no se desalienta la tarea de llevar adelante este servicio, el cual sostenemos con mucho entusiasmo y entereza el grupo que conformamos el Equipo Nacional de la UEAM.

Alentamos entonces a todos aquellos los que tienen la inquietud de poner en marcha esta actividad, a contactarse con nosotros y a conocer un poco más de la tarea misionera, siendo consecuente en este año Jubilar, para amar y servir a nuestros hermanos, como nuestro Papá Dios hace con cada uno de nosotros.

Que María nuestra madre, nos proteja y nos lleve siempre a descubrir el Amor infinito de nuestro Padre.

Dr. Fanbián Romano


Unión de Enfermos y Ancianos Misioneros