Centro de Misionología

Juan Pablo II

«Los tiempos nos urgen»

Su finalidad

Se trata de la formación de los discípulos misioneros de Jesús. Al respecto es iluminador el texto del Evangelio de Lucas 24,13-35. Formarse es un poco ponerse en camino en el seguimiento de Jesús, para escuchar con corazón muy abierto sus palabras y aprender su mismo estilo de vida y de relación con los demás. Es dejar que «arda nuestro corazón» en el encuentro con él._

Centro de Misionología Juan Pablo II

Los documentos de la Iglesia, una y otra vez nos señalan el lugar que ocupa el proceso formativo en nuestra vida «La formación misionera del Pueblo de Dios [...] ha de ser entendida no como algo marginal, sino central en la vida cristiana» (Redemptoris Missio, 83). En esta misma línea afirma el documento de Aparecida: La vocación y el compromiso de ser hoy discípulos y misioneros de Jesucristo en América Latina y El Caribe, requieren una clara y decidida opción por la formación de los miembros de nuestras comunidades, en bien de todos los bautizados, cualquiera sea la función que desarrollen en la Iglesia. Miramos a Jesús, el Maestro que formó personalmente a sus apóstoles y discípulos (DA 276).

La formación nos ayuda a ser discípulos misioneros conscientes de lo que estamos llamados a ser y a dar partiendo del testimonio de vida en el propio ambiente y más allá de las fronteras. Nos ayuda a darnos cuenta que es necesario formarse como discípulos misioneros y que incluso no alcanza con hacer un cursos, escuelas ó talleres de Misionología, sino que es más profundo, que se trata de una experiencia de vida donde el encuentro con Jesús es el elemento fundamental que no puede faltar. Sin miedo a equivocarnos podríamos decir que la preparación que queremos brindar como Centro de Misionología es para que cada uno de los participantes se encuentre cada vez más con Cristo, para que descubra cada vez más el amor del Padre y se anime a vivir cada vez más su vocación misionera, como constructor del Reino.

Formarse es un poco ponerse en camino en el seguimiento de Jesús, para escuchar con corazón muy abierto sus palabras y aprender su mismo estilo de vida y de relación con los demás. Sin olvidar que el proceso formativo del discípulo misionero esta siempre orientado a lo que es la vocación misma de la Iglesia, a salir de sí, a ser misionera llevando a todos el anuncio el Evangelio.

El Centro de Misionología «Juan Pablo II» destinado a sacerdotes, seminaristas, novicios, novicias, jóvenes misioneros, laicos comprometidos con la actividad misionera de la Iglesia, en nuestro país y del Cono Sur está en sintonía con Aparecida: una formación que contemple las distintas dimensiones (humana, comunitaria, intelectual, espiritual, pastoral y misionera) que tendrán que ser integradas armónicamente a lo largo del proceso formativo del discípulo misionero.

Hoy trabajamos en el Centro de Misionología para el Cono Sur «Juan Pablo II» en una propuesta que integre lo comunitario y lo personal, la espiritualidad en la acción misionera, lo intelectual con lo afectivo y pastoral. Al mismo tiempo, la formación es permanente y dinámica, de acuerdo con el desarrollo de las personas y al servicio que están llamadas a prestar, en medio de las exigencias de la historia.


Un poco de historia

Leemos en los escritos iniciales que en el transcurso del mes de julio de 1981, se reunieron en la Sede de Obras Misionales Pontificias Argentina el Director Nacional Mons, Carlos Gardella, el secretario General, Bruno Doria, el administrador de las mismas Leandro Poggi con el obetivo de considerar la creación de un Centro de Misionología teniendo presente en el discernimiento que realizaron:_

  1. Las inquietudes recibidas y la cantidad de agentes de evangelización que participaban de las Jornadas y Encuentros de Animación Misionera celebrados desde hacía varios años.
  2. Las personas interesadas que por correspondencia se manifestaron dispuestas en realizar cursos de especialización y profundización de la temática misionera.
  3. Contando con el apoyo de los obispos.

Habiendo consultado al Presidente y miembros de la Comisión de Misiones se tomó la decisión de la CREACIÓN y FUNDACIÓN DEL "Centro de Misionología para el Cono Sur" a fin de brindar la posibilidad de asistencia no solo a quienes residen en Argentina, sino que también en los países limítrofes.

El curso de formación misionera se dictó con una duración de 4 semanas durante tres años cíclicos. El Primer curso de realizó el 18 de enero al 13 de febrero de 1982.

El primer director del Centro de Misionología fue el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias Mons. Carlos Gardella, el prefecto de estudios fue el P. Nelson Juan Borgogno, secretario de la Comisión Episcopal de Misiones con la coordinación del Secretario General de las Obras Misionales Pontificias Sr.Bruno Doria, secretarias Hna. María E Goycoechea (Congregación «Hermanas Misioneras Cruzadas de la Iglesia») y Hna.Rosa Ubal (Congregación «Hermanas de los Pobres de Santa Catalina de Siena»). Fue el asesor teológico el P. Jesús López Gay, sj profesor de la Pontificia Universidad Urbaniana y Gregoriana de Roma.

En los comienzos el Centro de Misionología se enriqueció por la presencia y aporte en diversas materias por parte de Mons. Juan Esquerda Bifet (Dr. en Teología Dogmática y Derecho Canónico) y Mons. Augusto Castro Quiroga (Misionero de la Consolata de Colombia), grandes misionólogos en nuestro continente.


Informes

Secretaría Nacional de la
Pontificia Unión Misional
Centro de Misionología Juan Pablo II

La Secretaría atiende todos los días lunes de 15 hs. a 17 hs. para quiénes deseen hacerlo personalmente

Av. Medrano 735 (1179) Buenos Aires, Argentina

Tel. Fax: 54 (11) 4863 - 1357 | 4862 - 4136

Email: c-misionologia@ompargentina.org.ar ó a través de nuestro contacto de la página.


Centro Misionologia Juan Pablo II


Para evangelizar, ¿hace falta formación?

Si tenemos que transmitir algo, necesitamos de las herramientas necesarias para esa comunicación. La misión de la Iglesia se realiza movida por la gracia y el amor del Espíritu Santo, y la hace concreta a través de gestos, palabras y actitudes de vida.

Hay un aspecto vital en la misión que está contenido en la misma gracia con la que Dios obra en los misioneros. Este don no se puede adquirir de ninguna manera. El Señor lo da y lo sostiene, como la savia de la planta alimenta a cada rama, a cada flor y a cada fruto que surge de ella.

Para la transmisión del mensaje de salvación el misionero necesita estar preparado. Una tarea nada fácil, porque su objetivo es más profundo que el de cualquier otra profesión u oficio. Según el Documento de Aparecida es evangelizar sobre “el amor de plena donación”, el eje cultural “radical” de una nueva sociedad.

Un misionero se alimenta de dos fuerzas: la de Dios y la de su formación. Ambas son del Señor, pues dice la escritora chilena Gabriela Mistral (1889-1957): “La educación es, tal vez, la forma más alta de buscar a Dios”.