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Vida Consagrada y Misión

Dios nos ha elegido eternamente en su Hijo amado y nos ha hechos sus hijos adoptivos a través del sacramento del bautismo. Por medio de él participamos en la muerte y la resurrección de Cristo y «nuestra vida está oculta con Cristo en Dios» (Col 3,3)

La consagración de una persona mediante la profesión de los consejos evangélicos es una profundización de aquel comienzo que determina una novedad de vida que sólo puede realizarse en el seguimiento de la forma de vida que eligió Cristo.

En la carta que el Papa envió en el año 2015 a todos los religiosos con motivo del año de la vida consagrada les encomendó la tarea de «despertar»; al mundo, seguir proféticamente al Señor y anunciar el gozo del Evangelio.

«La radicalidad se pide a todos los cristianos, pero los religiosos están llamados a seguir al Señor de forma especial. Son hombres y mujeres que pueden despertar al mundo. La vida consagrada es profecía. Dios nos pide salir del nido que nos contiene y ser enviados a las fronteras del mundo, evitando la tentación de falsificarlas. Éste es el modo más concreto de imitar al Señor».

También les pidió tres cosas: mirar el pasado con gratitud a Dios, vivir el presente con pasión y mirar al futuro con esperanza, para ser testigos de la radicalidad evangélica.

La Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica nos ha ayudado en la reflexión por medio de las Cartas Alégrense, Escrutar, Contemplen y Anuncien.

Ésta última consta de un prólogo y tres capítulos: I. Hasta los confines de la tierra, II. La Iglesia en salida, y III. Fuera de la puerta.

Fundadores y fundadoras han escuchado, reconocido y acogido el mandato de Jesús: «Vayan y anuncien».

La misión, prolongación de la del Maestro, es el fundamento de la vida consagrada: atraviesa todas las dimensiones de la vida de especial consagración, llamada a «hacerse misión».

La misión en el corazón del pueblo no es una parte de mi vida, o un adorno que me puedo quitar; no es un apéndice o un momento más de la existencia. Es algo que yo no puedo arrancar de mi ser si no quiero destruirme. Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo. Hay que reconocerse a sí mismo como marcado a fuego por esa misión de iluminar, bendecir, vivificar, levantar, sanar, liberar»(EG 273)

Asumiendo el Evangelio como regla de vida, enviados por el Espíritu Santo hacia las periferias geográficas, culturales y existenciales proclaman con la vida y la Palabra la Buena Nueva, signo de esperanza para todos, especialmente para los pobres.

Contemplativos en la acción», viven una fuerte relación con  el Señor que los capacita para llevar el amor de Dios, su misericordia, su ternura hacia los demás, con la dinámica del ver, sentir compasión y actuar, actitudes que han caracterizado la vida de Cristo, misionero del Padre.

El Papa Franciscoinvita a que no seamos evangelizadores tristes, con cara de funeral y desalentados, por eso los consagrados, servidores de la Palabra, son mensajeros del gozo del Evangelio, contribuyendo a la evangelización con la profecía de la vida fraterna en comunidad, vivida en la sencillez y el gozo.

La Carta los exhorta a no olvidar la gracia de los orígenes, la humildad y la pequeñez de los comienzos con los que los fundadores han acogido sus carismas.

Atenta a los signos de los tiempos y lugares, la vida consagrada ha sabido responder con creatividad y audacia, con verdadera originalidad a las necesidades espirituales, culturales y sociales que se manifestaban, atravesando siempre el misterio pascual del Señor.

Concientes de la debilidad, en un proceso de conversión personal y pastoral, buscan fundar las respuestas misioneras no sólo en criterios de eficacia-eficiencia, sino que el criterio sea la evaluación de la credibilidad, de la fiabilidad evangélica del don que el Espíritu le ha confiado para el bien de la Iglesia, para dar forma a una Iglesia en salida, con un estilo de misericordia, proximidad y solidaridad.

La pastoral en clave de misión pretende abandonar el cómodo criterio pastoral del «siempre se ha hecho así». Invito a todos a ser audaces y creativos en esta tarea de repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores de las propias comunidades. Una postulación de los fines sin una adecuada búsqueda comunitaria de los medios para alcanzarlos está condenada a convertirse en mera fantasía» .(EG 33)

La vida consagrada volverá a ser luminosa, radiante, fascinante si vuelve a Dios y al hombre como dos polos alrededor de los cuales gira su vida: Dios como fuente y culmen de su ser y de su obrar, y el hombre como destinatario y lugar teológico que nos remite una y otra vez a Dios para lograr fuerza de su inmensa compasión para con la humanidad.

Las personas consagradas han de ser místicas, profetas y servidoras a fin de vivir la pasión por Dios como la pasión por el hombre.

La Virgen María es el modelo más logrado, es la más perfecta discípula misionera: por su testimonio de oración, de escucha de la Palabra de Dios y de pronta y fiel disponibilidad al servicio del Reino de Dios.

En la economía de la gracia, actuada bajo la acción del Espíritu Santo, se da una particular correspondencia entre el momento de la encarnación del Verbo y el del nacimiento de la Iglesia. La persona que une estos dos momentos es María: María en Nazaret y María en el cenáculo de Jerusalén. En ambos casos su presencia discreta, pero esencial, indica el camino del nacimiento del Espíritu. Así la que está presente en el misterio de Cristo como Madre, se hace -por voluntad del Hijo y por obra del Espíritu Santo- presente en el misterio de la Iglesia.» (Redemptoris Mater 24)

¡Así sea también para nosotros: del ven y sígueme al mandato vayan y anuncien! De la acogida del Espíritu a la fecundidad misionera, por los caminos inéditos del Espíritu». (Anuncien 92)

Pbro. Abel Iglesias Cortina, sdb


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